Incendios en España: la lucha contra el fuego se vuelve juego electoral

El debate político sobre los incendios forestales se ha convertido en una contienda para reforzar discursos partidistas. El Gobierno no plantea un pacto de Estado contra el fuego sino contra la “emergencia climática”, entendida como una forma de confrontar a las alianzas autonómicas de PP y Vox, mientras la ultraderecha critica la falta de recursos como hidroaviones y la supuesta ausencia de medidas reales. En el incendio que consume el valle del Tiétar confluyen dos realidades distintas. La zona abulense es mayormente boscosa y rural; la zona madrileña, urbanizada e hiperpoblada. La culpa de la falta de control se reparte entre la política de Ayuso, que habría reducido impuestos sin contratar más brigadas forestales, y la actuación de Sánchez, que solo aparece para la foto. La lucha por los símbolos y los eslóganes carga el muerto a la ultraderecha negacionista. El relato se amplía a un contexto histórico de pobreza energética. En una pequeña aldea de Orense, tras la posguerra, se talaban ramas para alimentar el fuego y sobrevivir al invierno, una práctica descrita como “pobreza energética”. A partir de allí se traza la evolución hacia la era antropocénica, en la que la energía procedente de combustibles fósiles, con alta densidad calorífica, ha impulsado la prosperidad industrial y ha elevado la esperanza de vida. Sin embargo, esa prosperidad genera desequilibrios ecológicos y sociales. La deslocalización de la manufactura a Asia ha reducido la visibilidad del humo contaminante en Europa y EE UU., mientras China ha emergido como principal emisora de CO₂ y ha generado tensiones en las clases medias de las antiguas potencias industriales. Estas tensiones alimentan el auge de figuras populistas que prometen devolver “el trozo del pastel” a los obreros.