Argentina repite rituales antes de la final: asado, entrenamiento y foto con Chiqui

La Albiceleste llegó a la final con una rutina que combina comida, ejercicio y superstición. En la madrugada del miércoles, el plantel se reunió alrededor de una parrilla para compartir un asado tradicional, mientras el cuerpo técnico repasó la última sesión de entrenamiento. Al terminar, los jugadores posaron para la foto habitual con Chiqui, el perro de la delegación, y el delantero Ángel Di Marzio recibió un caramelo de Rodrigo De Paul como amuleto de buena suerte.
El ritual incluye tres elementos claros. Primero, el asado, preparado por el chef de la sede y servido antes del entrenamiento, garantiza que los jugadores consuman proteínas y carbohidratos de forma ligera. Segundo, el entrenamiento se centra en ejercicios de velocidad y precisión de pase, con una duración de 90 minutos que culmina en una práctica de tiro penal. Por último, la foto con Chiqui se realiza en el vestuario, donde el animal parece recibir la energía del grupo; después, De Paul entrega su caramelo a Di Marzio, quien lo guarda en el bolsillo como talismán. Según el cuerpo técnico, el conjunto de actos no es meramente simbólico: ayuda a crear cohesión y a reducir la ansiedad antes de partidos de alta presión.
Este tipo de rituales no son ajenos a la historia del fútbol argentino. Desde la década de los noventa, la selección ha adoptado costumbres que van desde la elección de la canción “La mano de Dios” como himno no oficial, hasta la práctica de cenar juntos antes de cada encuentro importante. La figura de Chiqui, introducida en 2022, surgió como parte de un proyecto de bienestar animal que buscaba humanizar la presión sobre los jugadores. La costumbre de intercambiar caramelos se remonta a la infancia de De Paul, quien los utilizaba como recompensa durante los entrenamientos juveniles.
Los efectos de este ritual son varios. En el corto plazo, la rutina brinda una sensación de control y familiaridad que puede aliviar la tensión de los futbolistas, favoreciendo un rendimiento más estable. En el plano colectivo, refuerza la identidad del grupo y proyecta una imagen de unidad que influye en la percepción del público y de los rivales. Si la Albiceleste logra levantar el trofeo, la combinación de asado, entrenamiento y símbolos compartidos pasará a formar parte del legado de la selección, inspirando a futuras generaciones a buscar en la tradición un motor para la victoria.