María Pérez y Paul McGrath se han convertido en la cara más visible del atletismo español tras su victoria en la marcha del Campeonato Europeo celebrado en Birmingham. La hazaña se inscribe dentro de una tradición de excelencia española en la disciplina, que ya había producido campeones como Paquillo Fernández y Jesús Ángel García. Ambos atletas provienen de entornos modestos —Pérez de Orce, Granada, y McGrath de Gavà, Barcelona— y han construido sus carreras a base de federaciones, becas y apoyos institucionales, sin el respaldo económico que caracterizan los deportes de masas. Su éxito, por tanto, refuerza la idea de que el talento y la dedicación pueden seguir floreciendo aun cuando la pista no sea tan rentable como el fútbol. En la entrevista concedida a EL MUNDO, la pareja no sólo celebró la medalla, sino que también lanzó una crítica a la falta de ambición que perciben entre los jóvenes, señalando que la cultura del deporte en España sigue privilegiando disciplinas más mediáticas y lucrativas. Este mensaje tiene resonancia en un momento en que el Consejo Superior de Deportes y la RFEA están revisando los modelos de financiación para atletas de élite, intentando equilibrar la distribución de recursos entre fútbol, baloncesto y deportes olímpicos menos visibles. Si la opinión de Pérez y McGrath llega a los responsables, podría acelerar la puesta en marcha de programas de patrocinio y de apoyo a la transición profesional, un tema que afecta a cientos de atletas que, como ellos, “no se ganan la vida” con sus marcas. La repercusión de sus palabras podría, en última instancia, influir en la percepción pública del atletismo y abrir la puerta a una mayor inversión en disciplinas que, aunque no generen ingresos inmediatos, sí aportan prestigio internacional a la nación.
Análisis de la redacción de ChatAmigos.