El secreto de Akira Kurosawa: su visión se deterioró mientras creaba sus obras maestras

Akira Kurosawa empezó a perder la vista a finales de los años setenta y principios de los ochenta, pero siguió dirigiendo y dibujando storyboards para sus películas más ambiciosas. Durante la producción de *Kagemusha, la sombra del guerrero* (1980) y, posteriormente, de *Ran* (1985), el director elaboró meticulosos bocetos a pesar de sus crecientes dificultades visuales, una práctica que mantuvo hasta *Los sueños de Akira Kurosawa* (1990). Los storyboards de Kurosawa, creados mientras su visión se empeñaba en empeorar, se convirtieron en piezas artísticas por derecho propio. En la gira promocional de *Kagemusha* por Europa y América, los dibujos fueron exhibidos como obras de arte, sorprendiendo a críticos y aficionados por su detalle. Para *Ran*, el cineasta produjo cientos de pinturas que describían cada escena y las armaduras de los samuráis, mostrando influencias de Vincent van Gogh, Paul Cézanne y Marc Chagall. La publicación posterior de estos materiales junto al guion del filme ofreció una muestra clara de cómo su talento pictórico superó la limitación física. Kurosawa descubrió su pasión por el dibujo en la infancia, cuando un maestro de primaria reconoció su habilidad y lo impulsó a estudiar Bellas Artes a finales de los años treinta. Esa formación inicial como pintor permaneció a lo largo de su carrera cinematográfica; él dibujaba personalmente los storyboards de todas sus películas, integrando la visión pictórica al proceso creativo. Obras como *Rashomon* (1950), *Los siete samuráis* (1954) y *Dersu Uzala* (1975) le valieron la Palma de Oro en Cannes, el León de Oro en Venecia y dos premios Oscar a la Mejor película internacional. La capacidad de Kurosawa para seguir produciendo imágenes cinematográficas impactantes, aun con la visión cada vez más limitada, ha quedado como testimonio de la resistencia del espíritu creativo. Sus últimos trabajos, especialmente el segmento “Cuervos” de *Los sueños de Akira Kurosawa*, revelan un amor profundo por la pintura y la capacidad de imaginar mundos visuales cuando la vista ya no le servía plenamente. Los storyboards y pinturas de este período continúan siendo estudiados y admirados tanto por su valor artístico como por la historia de superación que representan.