Marina británica detecta componentes chinos en drones K3 Scout

La Royal Navy incorporó veinte unidades del dron de superficie K3 Scout y, tras una evaluación de vulnerabilidades cibernéticas, descubrió que las cámaras a bordo contenían componentes fabricados en China que enviaban señales “heartbeat” a una dirección IP situada en ese país. El Ministerio de Defensa confirmó el hallazgo, pero señaló que no se encontró evidencia de que datos o sistemas británicos hubieran sido accedidos, comprometidos o transmitidos al exterior. La revisión rutinaria reveló que los subsistemas de cámara emitían comunicaciones automáticas que indican que el dispositivo está encendido y funcionando. Ante ello, el Ministerio de Defensa desconectó la conectividad a Internet de esas cámaras y, según el propio organismo, cerró las vulnerabilidades detectadas tras una auditoría conjunta con la empresa británica Kraken Technology Group, proveedora del dron. Kraken afirmó que las cámaras provenían de un tercer proveedor que había garantizado su seguridad, y que la auditoría había permitido identificar y subsanar los posibles fallos. Los K3 Scout son embarcaciones de superficie no tripuladas diseñadas por Kraken Technology Group. Miden 8,4 metros de eslora, alcanzan hasta 55 nudos, pueden transportar alrededor de 600 kg de carga útil y operar durante hasta 30 días, según la configuración. La Royal Navy adquirió veinte unidades por 12,3 millones de libras dentro del proyecto Beehive, una iniciativa que sirve como banco de pruebas para la futura “Hybrid Navy” y aporta capacidad operativa inmediata. Los drones fueron asignados al Coastal Forces Squadron y al 47 Commando Royal Marines. Estos drones están pensados para vigilancia, protección de fuerzas y ataques de precisión, y Kraken también contempla la logística como posible misión. El proyecto Beehive contempla el despliegue de barcos autónomos de alta velocidad en una misión multinacional destinada a proteger la navegación en el estrecho de Ormuz. El caso expone la complejidad de las cadenas de suministro electrónicas globales, donde componentes fabricados en China aparecen en sistemas militares británicos. Aunque el Ministerio de Defensa descartó que la información transmitida incluyera coordenadas, imágenes, audio o planes operativos, la detección plantea dudas sobre la exposición potencial de personal del Special Boat Service y la proximidad de los drones a reuniones sensibles de fuerzas especiales. Londres reconoce a China como un socio comercial de peso, pero también la describe como un “desafío sofisticado y persistente” en materia de seguridad, lo que impulsa a Reino Unido y a la OTAN a diversificar sus cadenas de suministro para reducir dependencias potencialmente problemáticas.