Hegseth ordena pruebas de testosterona a soldados mayores de 30 años

El Departamento de Defensa de EE. UU. iniciará a partir del próximo mes exámenes obligatorios de testosterona para todo el personal militar que supere los 30 años. La medida, anunciada por el secretario de Defensa, Lloyd Hegseth, busca identificar a los soldados con niveles hormonales por debajo de lo normal y, en caso de detectarlos, ofrecerles tratamientos de “reemplazo” de forma voluntaria.
Los protocolos establecen que cada soldado deberá presentar una muestra de sangre en su centro de salud militar. Los resultados se compararán con los rangos de referencia aceptados por la comunidad médica, y los casos que muestren deficiencia serán remitidos a la unidad de medicina interna del ejército para una valoración individual. El programa contempla que, si el diagnóstico confirma niveles bajos, el servicio de salud militar ofrecerá terapia de reemplazo de testosterona sin coste adicional, aunque la decisión de iniciar el tratamiento quedará a discreción del militar. Se prevé que, en los primeros seis meses, se evaluarán unos 150 000 soldados y que, de ellos, entre el 5 % y el 8 % podrían requerir intervención.
Esta iniciativa se enmarca en una política de bienestar físico que el Pentágono ha venido reforzando desde la última década. Estudios internos mostraron que la disminución natural de la testosterona a partir de los 30 años puede afectar la fuerza, la recuperación y el estado de ánimo, factores críticos para la operatividad de las tropas. Además, años de debate sobre la salud hormonal en el ámbito militar llevaron a la creación de un comité especializado que recomendó la implementación de estos exámenes como medida preventiva.
Si bien la propuesta persigue la optimización del rendimiento, también plantea interrogantes sobre la gestión de la información médica y la posible presión implícita para aceptar tratamientos. Los expertos advierten que la disponibilidad de la terapia no debe traducirse en una expectativa de mejora obligatoria, y subrayan la necesidad de preservar la autonomía del soldado. Asimismo, la política podría influir en la planificación de recursos humanos, al identificar a personal que requiera apoyo médico adicional y, potencialmente, ajustar asignaciones de misión. En última instancia, la medida pretende equilibrar la salud individual con la capacidad operativa de las fuerzas armadas, sin que la obligatoriedad de los análisis se convierta en un requisito de tratamiento.