Luis de la Fuente asumió la dirección de la selección española en 2022, heredando un proyecto que había empezado a gestarse bajo la visión de un fútbol más colectivo y con espacios para la renovación de jóvenes talentos. La victoria en el Mundial, lograda con una generación que combina a veteranos como Sergio Busquets y a promesas como Ferran Torres, confirma que la fórmula de “elegir a las personas adecuadas” y “proteger una idea central” ha dado sus frutos. El técnico ha explicado que su método no se limita a la táctica en el terreno de juego; incluye la construcción de una cultura de autoridad basada en la coherencia entre palabras y acciones, lo que refuerza la confianza de los jugadores y les permite asumir responsabilidades sin perder la unidad del grupo. Este enfoque tiene repercusiones más allá del propio plantel. Para la federación y los clubes españoles, la consecución del título mundial abre una puerta de entrada a una nueva ola de jóvenes que pueden verse impulsados por el ejemplo de una selección que ha sabido integrar talento individual en un proyecto colectivo. La declaración de De la Fuente, “A Dios solo le pido que me dé otro día más para seguir haciendo lo que hago”, refleja una visión a largo plazo que busca consolidar esa cultura en las categorías inferiores, donde la prioridad será formar no solo futbolistas, sino profesionales capaces de mantener la coherencia y la disciplina que han caracterizado al equipo campeón. Si el modelo se replica en las academias, la selección podría contar con una base más amplia de jugadores preparados para afrontar los retos internacionales, reduciendo la dependencia de fichajes externos y afianzando una identidad propia del fútbol español.
Análisis de la redacción de ChatAmigos.