China recupera la primera etapa del Long March‑10B tras su lanzamiento

Por Roberto Molina·Redacción ChatAmigos·
Yellow structures in Cherbourg port, showcasing marine industrial installations in Normandy, France
Foto: Tony Zohari / Pexels

El 10 de julio China recuperó la primera etapa del cohete Long March‑10B, que había colocado su carga útil en órbita baja. La maniobra se completó a las 12:15 h hora de Beijing, cuando el propulsor volvió a la Tierra y tocó una plataforma marítima mediante una red de captura.

El Long March‑10B despegó del Centro de Lanzamiento Comercial de Hainan y, tras la separación de la segunda etapa, la primera quedó a la espera de su descenso. Seis minutos después, la etapa alcanzó la plataforma flotante y fue atrapada por una red enorme que amortiguó la caída. La empresa estatal China Aerospace Science and Technology Corporation (CASC) confirmó la captura, subrayando que la recuperación no se realizó en la base de lanzamiento sino en un buque anclado en alta mar. La red, diseñada para absorber el impacto, permitió al cohete posarse sin necesidad de patas retráctiles.

Hasta ahora, la recuperación de una primera etapa había sido dominio exclusivo de SpaceX y, más tarde, de Blue Origin. Rocket Lab había logrado una amerización controlada con paracaídas, pero nunca había aterrizado verticalmente. La hazaña china sitúa al país entre los pocos que dominan la tecnología de reutilización, marcando una diferencia sustancial respecto a sus lanzamientos anteriores, que rara vez se anunciaban antes de su culminación. En paralelo, Japón probó recientemente su cohete RV‑X, que alcanzó 11 metros de altura y aterrizó después de 40 segundos, aunque sin llegar a órbita. La prueba japonesa subraya el interés creciente en la reutilización, pero la recuperación china sigue siendo la primera en lograr un aterrizaje vertical mediante captura en red.

El éxito abre la puerta a una reducción de costes para la industria espacial china, al permitir que la primera etapa sea inspeccionada, reparada y reutilizada en misiones futuras. Además, la reutilización atenúa la proliferación de desechos orbitales, un punto crítico dado el creciente número de satélites lanzados por el país. Si la técnica se consolida, China podría acelerar su ritmo de lanzamientos sin incrementar la carga de basura espacial, lo que tendría repercusión en los planes de constelaciones de telecomunicaciones y en la competitividad frente a actores como SpaceX. La recuperación también envía una señal clara a la comunidad internacional: la tecnología de cohetes reutilizables ya no es exclusiva de Occidente, y su adopción global podría transformar la economía del acceso al espacio.

Contexto y análisis

La recuperación de la primera etapa del Long March‑10B marca un punto de inflexión en la estrategia de reutilización de la industria espacial china. Hasta ahora, la reutilización de propulsores había quedado prácticamente reservada a empresas estadounidenses como SpaceX y Blue Origin, que emplean aterrizajes en tierra o en plataformas marítimas mediante cohetes con patas retráctiles. La solución adoptada por la China Aerospace Science and Technology Corporation (CASC) –una red de captura que amortigua el impacto y permite que la etapa repose sobre una plataforma flotante– demuestra que el país ha alcanzado una capacidad técnica comparable, sin necesidad de desarrollar sistemas de aterrizaje vertical tradicionales. Este avance se produce en un contexto de creciente competencia internacional, donde incluso Rocket Lab ha experimentado con amerizaciones controladas y Japón ha llevado a cabo pruebas de descenso con su cohete RV‑X, aunque

Análisis de la redacción de ChatAmigos.

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