Sauna reduce en un 65 % el riesgo de Alzheimer, según estudio finlandés

La investigación de la Universidad de Finlandia Oriental ha encontrado que los hombres que frecuentan la sauna entre cuatro y siete veces semanales disminuyen su probabilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer un 65 % respecto a quienes lo hacen solo una vez a la semana. El estudio, de carácter longitudinal, siguió a 2 300 participantes de mediana edad durante dos décadas y controló variables como tabaquismo, índice de masa corporal y otros factores de riesgo.
Los investigadores observaron que la frecuencia alta de sesiones de sauna también se asoció a una reducción del 66 % del riesgo de demencia en general. Los datos se mantuvieron significativos después de ajustar por hábitos de vida y condiciones metabólicas, lo que sugiere un vínculo directo entre la termoterapia y la salud cerebral. Revisiones posteriores ampliaron el hallazgo, indicando que los beneficios no se limitan al sexo masculino y que la exposición regular al calor pasivo mantiene su efecto protector independientemente de otras variables.
Este descubrimiento se inscribe en un contexto de creciente interés por la sauna en países nórdicos, donde la práctica forma parte de la rutina diaria y ha sido citada como un elemento clave del bienestar. En España, la tendencia ha cobrado fuerza en gimnasios, balnearios y spas, que incorporan salas de vapor y sauna como servicios habituales para sus usuarios. La evidencia científica ahora respalda la idea de que el calor no solo relaja los músculos, sino que desencadena respuestas biológicas que favorecen la reparación de proteínas y la reducción de la inflamación, procesos vinculados a la neurodegeneración.
Si bien los resultados son prometedores, la investigación advierte que la sauna no actúa de forma aislada. Los usuarios habituales suelen combinarla con ejercicio físico, una dieta equilibrada y hábitos de vida menos estresantes, factores que también influyen en la aparición de la enfermedad. Por ello, la recomendación no es sustituir otras medidas preventivas, sino considerar la sauna como un complemento dentro de un estilo de vida saludable. La implicación más inmediata para los consumidores españoles es la posibilidad de integrar sesiones regulares de sauna en su rutina, siempre bajo supervisión médica cuando existan contraindicaciones, y aprovechar un método que, según la ciencia, podría ralentizar el envejecimiento cerebral y reducir la amenaza del Alzheimer.