Centro de datos en Dowagiac genera ruido constante y provoca acción legal

Una instalación de Alliance Cloud Services LLC, filial de Hyperscale Data, emite un zumbido agudo las 24 horas desde 2024 en Louise Avenue, Dowagiac (Michigan), según los vecinos que viven frente al recinto. El sonido, descrito por Lindy Valenzuela como “una aspiradora en el salón con el filtro atascado”, se ha convertido en una molestia diaria. Los residentes de la calle sin salida, entre ellos el matrimonio Marjorie y Billy Finn, afirman que ya no pueden abrir las ventanas y que la exposición breve al exterior provoca dolores de cabeza. Los vecinos sitúan el origen del problema en 2018, cuando se eliminaron los pinos que rodeaban el antiguo edificio industrial y se instaló un muelle de carga. En 2021 empezó la actividad de minería de criptomonedas y, tres años después, el ruido se hizo perceptible en los hogares. En marzo 2026 la ciudad aprobó su primera ordenanza sobre ruido industrial, con un límite de 65 dB de día y 55 dB de noche. El responsable municipal aseguró que la ciudad ya había sancionado a Hyperscale Data por incumplir la normativa, aunque la empresa cuestiona tanto las mediciones como el método empleado. Ante la presión vecinal, Hyperscale Data anunció la fase de apagado progresivo de la maquinaria de minería, prevista para completarse en los próximos tres meses. El CEO William Horne, en una reunión extraordinaria del consejo municipal, reveló una inversión de 100 millones de dólares para transformar el sitio en una instalación de computación para inteligencia artificial y robótica avanzada, abandonando la minería de criptomonedas. Además, la compañía ha adquirido terrenos colindantes con la intención de crear una franja natural que reduzca el sonido que llega a las viviendas, aunque las autoridades locales indican que aún no han recibido solicitud de permiso para la expansión. Valenzuela lidera una acción colectiva que acusa a Hyperscale Data de negligencia e interferencia sustancial en el uso y disfrute de las viviendas. La propuesta de la empresa de comprar las casas de los residentes que no puedan disfrutar de ellas no satisface a los afectados; la casa de los Finn lleva casi un siglo en la familia y sirve como núcleo de apoyo para Marjorie, quien padece Parkinson.