Los misiles Oreshnik rusos tardan 15 minutos en recorrer 800 km hasta Ucrania

Por Redacción ChatAmigos·
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Foto de recurso: Pixabay / Pexels

Los misiles balísticos Oreshk​i​n, empleados por Rusia contra Ucrania, permanecen en el aire aproximadamente quince minutos y cubren alrededor de ochocientos kilómetros antes de impactar, según el registro del primer uso conocido el 21 de noviembre de 2024 contra Dnipró. Ese lanzamiento mostró que el Oreshk​i​n llegó a un complejo industrial de Dnipró vinculado históricamente a los sectores aeroespacial y militar. Posteriormente, el mismo tipo de arma se empleó en la región de Leópolis, cerca de la frontera con Polonia, y en mayo sobre Bila Tserkva, al sur de Kyiv, dentro de un bombardeo más amplio compuesto por decenas de misiles y cientos de drones que causó víctimas mortales y heridos. El Oreshk​i​n es un misil balístico de alcance intermedio, móvil y de combustible sólido, probablemente relacionado con el programa ruso RS‑26. A diferencia de un misil de crucero, sigue una trayectoria balística y puede liberar varios cuerpos de reentrada que golpean el objetivo a gran velocidad. El sistema permite transportar cargas convencionales o nucleares y, según afirma Rusia, resulta prácticamente imposible de interceptar, aunque esa afirmación no ha sido demostrada. Todos los lanzamientos provienen del polígono militar de Kapustin Yar, ubicado en la región de Astracán, cerca de la frontera con Kazajistán. El área, que data de la época soviética, sirve como zona de pruebas para distintos programas de misiles y para lanzamientos espaciales. Znamensk, situada dentro del casco urbano del polígono, actúa como núcleo administrativo y residencial del complejo y posee el estatus de territorio administrativo cerrado, lo que impide el acceso libre y exige autorizaciones previas para cualquier visita. La vida en Znamensk está marcada por la actividad militar; las imágenes que circulan muestran calles sin asfaltar, viviendas envejecidas y edificios deteriorados. Fotografías difundidas por Rusia presentan vehículos que el Ministerio de Defensa identifica como parte del sistema Oreshk​i​n, mientras que Ucrania ha publicado restos recuperados tras los impactos, aunque no existe una colección amplia de imágenes del misil en pleno vuelo. Más allá de su impacto físico, el uso del Oreshk​i​n lleva un mensaje político: Rusia lo exhibe como prueba de sus capacidades militares, y algunos dirigentes europeos lo interpretan como una señal de escalada en el conflicto con Ucrania. La combinación de una tecnología avanzada y una ciudad “atrapada en el tiempo” refuerza la percepción de un arma cuya velocidad deja escasas oportunidades de reacción.

Contexto y análisis

Los misiles Oreshkin, presentados por primera vez en el conflicto el 21 de noviembre de 2024, son parte de la última generación de armamentos balísticos de alcance intermedio que Moscú incorpora en su arsenal. Su tiempo de vuelo –cerca de quince minutos para cubrir unos 800 km– los sitúa en la categoría de “misiles de corto‑alcance rápido”, capaces de atacar objetivos estratégicos sin que los sistemas de defensa aérea tengan mucho margen de maniobra. El hecho de que el primer uso haya alcanzado un complejo industrial de Dnipró, tradicionalmente ligado a la industria aeroespacial y de defensa ucraniana, sugiere una intención de debilitar la capacidad productiva militar del país, más allá de la mera destrucción física. Posteriormente, su empleo en Leópolis, a escasos kilómetros de la frontera polaca, y en Bila Tserkva, dentro de una oleada masiva de misiles y drones, muestra que el arma se está empleando tanto para ataques profundos como para presionar zonas fronterizas, ampliando la zona de riesgo para la población civil. El origen del Oreshkin en el polígono de Kapustin Yar, una instalación heredada de la era soviética y todavía cerrada al acceso público, indica que el programa se gestiona en un entorno de alta secretividad y con infraestructura ya probada para pruebas de misiles y lanzamientos espaciales. La posible relación con el proyecto RS‑26, que ha sido mencionado en documentos militares rusos como una variante de misiles con capacidad de carga nuclear o convencional, plantea dudas sobre la escalada del conflicto: si bien Moscú asegura que el misil es “prácticamente imposible de interceptar”, la comunidad de defensa occidental no ha confirmado esa capacidad, lo que genera incertidumbre en las defensas antimisiles de la OTAN y de Ucrania. En la práctica, la presencia de un arma que puede lanzar varios cuerpos de reentrada y alcanzar objetivos a gran velocidad complica la planificación de respuestas defensivas y obliga a los gobiernos a reconsiderar la distribución de sus recursos de alerta temprana y a reforzar la cooperación en materia de inteligencia y defensa aérea.

Análisis de la redacción de ChatAmigos.

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