Lenguaje de señas nicaragüense, un experimento infantil que transformó la lingüística

En los años 80, niños sordos de la escuela Villa Libertad en Managua comenzaron a crear su propio sistema de signos durante el recreo. El proyecto reunió a cientos de menores con deficiencias auditivas, de entre cuatro y 16 años, cuando los docentes intentaron enseñarles dactilología y lectura de labios del español. El experimento tomó forma fuera del aula: en los corrillos del patio, los niños intercambiaban gestos que ellos mismos acordaban, generando de manera colectiva símbolos para conceptos cotidianos. Con el tiempo, esas señales se consolidaron y dieron origen al Lenguaje de señas nicaragüense (LSN), el primero documentado desde su nacimiento y libre de influencias externas. Los profesores, al observar conversaciones fluidas entre los alumnos, intentaron sin éxito aprender el nuevo código. En 1986 el Ministerio de Educación nicaragüense contactó a la lingüista Judy Kegl, del MIT, quien inició la investigación del fenómeno. Los análisis mostraron que los niños más pequeños impulsaban la expansión gramatical del LSN, mientras que los adolescentes empleaban formas verbales más básicas. Los niños menores también producían modulaciones espaciales, añadiendo información de lugar, tiempo o número mediante la posición de manos y cuerpo, un rasgo presente en otras lenguas de signos del mundo. El hallazgo permitió a los lingüistas seguir la evolución del LSN durante décadas, incluso entrevistar a sus creadores originales. Las pruebas de inteligencia realizadas a los primeros estudiantes y a nuevas generaciones, instruidas formalmente en el LSN, mostraron que el vocabulario ampliado coincidía con mayores puntuaciones, lo que sugiere que la adquisición de un léxico extenso favorece el desarrollo cognitivo. El caso nicaragüense constituye una evidencia única de cómo niños, sin guía adulta, pueden generar un lenguaje completo desde cero. Steven Pinker describió el descubrimiento como “absolutamente único en la historia”, al confirmar la teoría de que la capacidad humana para crear lenguaje está innata. El proyecto sigue siendo referente para debates sobre el origen del lenguaje y la interacción entre aprendizaje espontáneo y estructuración gramatical.