Gran muro japonés de 400 km frente a tsunamis, 12 000 M$ invertidos

El gobierno de Japón ha completado una línea de defensa costera que cubre aproximadamente 396 kilómetros de la zona noreste, con tramos que superan los 15 metros de altura y más de 440 compuertas automáticas. La obra, cuyo coste supera los 12 000 millones de dólares, superó en 2022 su primera prueba real cuando un sismo de magnitud 7,4 activó simultáneamente todas las compuertas. La iniciativa nació tras el terremoto de magnitud 9 que sacudió la costa de Tohoku el 11 de marzo de 2011 y generó un tsunami de entre 12 y 15 metros. Los diques existentes, diseñados para olas de hasta 8 metros, fallaron en gran parte, dejando a más de 20 000 personas muertas o desaparecidas y devastando localidades, incluida la zona de la central nuclear de Fukushima. En los meses posteriores, el Estado lanzó un plan para levantar nuevos muros y diques a lo largo del litoral afectado, con la intención de proteger a la población y a la infraestructura. Los muros se estructuran en segmentos adaptados a cada tramo de costa, con bases ensanchadas y cimentaciones de hasta 25 metros de profundidad para resistir la presión del agua y la erosión del fondo marino. Cada compuerta automática puede cerrarse en menos de cinco minutos sin intervención humana, al detectar un seísmo de determinada magnitud. Los ingenieros responsables afirman que el objetivo no es detener por completo un tsunami del calibre de 2011, sino frenar la ola lo suficiente para ganar tiempo y permitir la evacuación de los residentes. El proyecto se inserta en una tradición centenaria de defensas costeras en Japón. En 1896 y 1933, tras dos devastadores tsunamis, la localidad de Tarō erigió un muro en forma de X de 2,4 kilómetros y 10 metros de altura, considerado en su momento un modelo mundial. En la prefectura de Iwate, el alcalde Kotaku Wamura promovió en los años setenta una compuerta de 15,5 metros que, pese a la oposición local, resultó clave para que el pueblo de Fudai sufriese pocos daños en 2011. Estas experiencias históricas respaldan la confianza en la nueva infraestructura, aunque también han generado polémica entre vecinos y pescadores que temen la pérdida de vistas al mar y el impacto ambiental sobre los ecosistemas costeros.