Hipótesis FIMS: los hongos habrían sellado el destino de los dinosaurios

El impacto del asteroide de Chicxulub hace 66 millones de años provocó una oscuridad casi total y un invierno global que aniquiló a la mayoría de los dinosaurios. La pregunta que surge es por qué los pequeños mamíferos lograron sobrevivir y ocupar la Tierra. Según la hipótesis FIMS, impulsada por un microbiólogo, la clave no fue el tamaño ni la dieta de los mamíferos, sino la proliferación masiva de hongos tras el impacto. La nube de ceniza y polvo bloqueó la luz solar, colapsó la fotosíntesis y cubrió el planeta de material vegetal y animal en descomposición, creando un “paraíso” para los hongos. Los registros de palinomorfos –fósiles de esporas y polen– evidencian un “pico fúngico” justo en la frontera Cretácico‑Paleógeno, una capa geológica dominada casi exclusivamente por esporas que indica una deforestación global. Un estudio analizó la cuenca de Denver, Norteamérica, y confirmó una proliferación masiva de hongos inmediatamente después del impacto. El mismo trabajo detectó otro pico fúngico previo, vinculado a las erupciones volcánicas de las Traps del Decán. Estos hallazgos demuestran que el ambiente post‑impacto estaba saturado de esporas que descomponían materia muerta. La hipótesis FIMS relaciona esta abundancia fúngica con la endotermia de los mamíferos. En 2009, Casadevall analizó cerca de 5 000 cepas de hongos y mostró que la mayoría no prospera a altas temperaturas; cada grado entre 30 °C y 40 °C elimina a un 6 % de las especies. Un modelo biológico publicado en mBio en 2010 por Bergman y Casadevall señaló que una temperatura corporal alrededor de 37 °C constituye un punto de equilibrio óptimo: suficientemente caliente para repeler la mayoría de los patógenos fúngicos, pero no tan alta como para agotar el gasto energético. Cuando el cielo se oscureció y las temperaturas globales cayeron, los dinosaurios, con metabolismos dependientes de la temperatura ambiental, se enfriaron, deprimieron sus sistemas inmunitarios y se convirtieron en incubadoras perfectas para los hongos. En contraste, los mamíferos mantuvieron su “escudo térmico” encendido, evitando la invasión fúngica. Un caso concreto respalda la vulnerabilidad de los dinosaurios a infecciones fúngicas: el fósil jurásico tardío “Dolly”, un saurópodo, mostró lesiones óseas en las vértebras cervicales idénticas a la aerosaculitis que afecta a aves modernas por aspergilosis. Este hallazgo indica que los dinosaurios podían contraer neumonía fúngica en condiciones normales, y su exposición a una atmósfera cargada de esporas tras el impacto habría sido letal. Así, la hipótesis FIMS sugiere que la combinación de un entorno fúngico extremo y la endotermia mamífera explicó por qué los mamíferos heredaron la Tierra, mientras los dinosaurios sucumbieron.