Incendio histórico en Madrid y la polémica del bisonte, dos caras del clima español

El incendio de la Sierra Oeste, catalogado como el mayor de la historia de Madrid, arrasó unas 28 000 hectáreas en julio de 2024, desplazando a miles de personas y devastando viviendas. Entre Robledo de Chavela y Colmenar del Arroyo, la llama quedó a mitad de camino en una finca de 240 hectáreas llamada Bisonte Park, donde una mancha verde preservó a siete bisontes chamuscados pero vivos. Según Raúl Rodríguez, responsable del parque, el pastoreo de los bisontes “mantiene su territorio limpio” y actúa como una “labor preventiva de incendio”. La Sociedad Española de Ciencias Forestales respalda el pastoreo controlado como una de las estrategias más eficaces y económicas. Sin embargo, las cifras de superficie salvada varían: algunas fuentes citan 160 hectáreas quemadas de 240, otras 180 hectáreas quemadas y 60 salvadas, y una tercera habla de 50 hectáreas “prácticamente intactas”. La evidencia sobre la efectividad del bisonte sigue siendo contradictoria. El contexto muestra que, pese a los programas de pastoreo, España ha perdido en la última década 300 000 cabras y casi dos millones de ovejas, y la ganadería extensiva ha caído cerca del 30 % en veinte años. En Madrid, se movilizaron 21 374 animales con un gasto de 800 000 euros, pero el fenómeno de los macroincendios depende más de la temperatura nocturna, el viento y la sequía acumulada que del pastoreo. El impacto ambiental del incendio se suma al de otros ecosistemas en riesgo por el cambio climático. Los manglares, bosques costeros que almacenan carbono bajo sus raíces, han sido talados para acuicultura, arrozales y plantaciones de palma. Un estudio global de 2018 estimó que estos ecosistemas contienen entre 4 200 y 6 400 millones de toneladas de carbono, gran parte del cual yace en suelos anegados. Entre 2000 y 2012, la superficie mundial de manglares se redujo un 2 %, liberando hasta 86 millones de toneladas de carbono, equivalentes a 320 millones de toneladas de CO₂. Indonesia, Malasia y Myanmar concentran la mayor parte de esas emisiones. La combinación de incendios forestales y la destrucción de manglares revela la magnitud del desafío climático en España y en el planeta. Mientras algunos promueven la introducción de bisontes como “bomberos naturales”, la evidencia sugiere que medidas más amplias y radicales son necesarias para mitigar la frecuencia de los macroincendios y preservar los valiosos reservorios de carbono bajo tierra.