Valencia registra la mínima más alta desde 1869 y supera los 30 °C en la noche

La noche del miércoles a jueves dejó a Valencia con una temperatura mínima de 30,9 °C, la más alta registrada desde 1869. En la misma jornada, Castellón alcanzó 29,5 °C, la mínima diaria más alta desde 1911, y más de 90 municipios superaron los 35 °C, con Denia y Rafol de Almunia llegando a 39 °C. El 77 % de la red de estaciones de AVAMET no descendió de 25 °C durante toda la noche, y hasta 40 municipios permanecieron por encima de los 30 °C. El fenómeno se explica por una 'ponentà', un viento de poniente que, mediante el efecto foehn, calienta y seca el aire. En esta ocasión, el viento no solo elevó la temperatura, sino que impidió la entrada de la brisa marina, intensificando la sensación térmica. Ante la situación, la Generalitat declaró preemergencia de nivel 3 por riesgo extremo de incendio y cerró los parques naturales. Este episodio no es aislado. El 24 de julio, Valencia registró una mínima de 27,5 °C con una humedad del 90 %, mientras que el 16 de julio en El Toyo, Almería, se alcanzaron 43,3 °C a las 2:55 a.m., un reventón térmico convectivo de corta duración. Además, al menos 24 estaciones principales batieron sus récords de mínima en junio, y la tendencia de noches tropicales se acelera: Santa Cruz de Tenerife pasó de 68 noches tropicales en 1950 a 158 en 2025; Almería aumentó de 41 en 1968 a 114; el aeropuerto de Barcelona de una media de 19 entre 1950 y 1980 a 80 en la última década; y Madrid‑Retiro acumuló dos grados más y un 520,6 % más de noches tropicales desde 1894. Aunque aún no existe un estudio de atribución que vincule directamente estos extremos con el cambio climático, el análisis de World Weather Attribution sobre la ola europea de finales de junio los calificó como "virtualmente imposible" en el clima de 1976 y cien veces menos probable que en 2003. La AEMET ha reconocido la ausencia de un término universal para describir estas noches y debería acelerar la búsqueda de una nomenclatura adecuada, pues la frecuencia de estos brotes sugiere que podrían convertirse en una nueva normalidad para la meteorología española.