Air City Madrid Sur busca impulsar un segundo aeropuerto con apoyo de Ryanair

Por Redacción ChatAmigos·
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Foto de recurso: JÉSHOOTS / Pexels

El proyecto Air City Madrid Sur, que pretende transformar el aeródromo de Casarrubios en un aeropuerto comercial, volvió a ocupar la agenda tras la intervención de Eddie Wilson, CEO de Ryanair, en el Foro de Nueva Economía de Madrid. Los promotores, liderados por Javier Ruedas, aprovecharon la ocasión para señalar que la compañía de bajo coste “siempre se muestra a favor de la competencia a Aena para rebajar las tasas aeroportarias”, lo que consideran una pieza clave para avanzar. El plan original, presentado hace casi una década, aspiraba a una capacidad de diez millones de pasajeros al año, pero la propuesta quedó estancada. Ante la falta de avances, los impulsores han reducido la escala: ahora pretenden que el aeródromo pueda mover hasta un millón de pasajeros al año. Esta disminución les permite buscar un gestor alternativo a Aena, ya que los aeropuertos de mayor capacidad deben operar obligatoriamente con la empresa pública. Con una capacidad más modesta, los promotores esperan atraer a aerolíneas de bajo coste que busquen operar en Madrid con tarifas más bajas. El aeródromo cuenta con 400 000 m² de suelo en la frontera entre Madrid y Toledo, de los cuales 30 000 m² están ocupados por hangares y la pista actual mide 1 000 m. El proyecto contempla ampliar la pista existente a 1 800 m y construir una segunda pista de 3 200 m para vuelos de mayor envergadura. Además, se proyecta una terminal para pasajeros de vuelos comerciales y dos terminales destinadas a usuarios de vuelos privados. Los promotores argumentan que el tráfico en Madrid‑Barajas crece de forma constante y que, para 2032, el aeropuerto alcanzará su máxima capacidad. Señalan que la ampliación prevista en Barajas tendría una vigencia de apenas uno o dos años, lo que subraya la necesidad de un alivio estructural. La ubicación del aeródromo, a apenas 30 km de la capital y con salida clara hacia la A‑5, favorece tanto al transporte de mercancías como a la posible captación de pasajeros que prefieran un aeropuerto más alejado, como ocurre con otras instalaciones de bajo coste en España. El proyecto enfrenta obstáculos. No hay un tren cercano que conecte con el centro de la ciudad rápidamente, lo que dificulta su atractivo turístico. Aena ha defendido que la capital no necesita un segundo aeropuerto, y la viabilidad depende de decisiones ministeriales. La Comunidad de Madrid y la de Castilla‑La Mancha se han mostrado favorables al proyecto, manteniendo viva la esperanza de que Air City Madrid Sur pueda convertirse en la alternativa que sus promotores buscan.

Contexto y análisis

El proyecto Air City Madrid Sur revive una iniciativa que lleva casi diez años gestándose en la zona de Casarrubios, entre la comunidad de Madrid y la de Castilla‑La Mancha. En aquel momento la propuesta contemplaba la construcción de un aeropuerto capaz de atender a diez millones de pasajeros al año, una cifra que se acercaba al nivel de los grandes hubs europeos y que, inevitablemente, requería la gestión de Aena, la empresa pública que monopoliza los aeropuertos mayores del país. La falta de consenso y la rigidez regulatoria dejaron el plan en el limbo, hasta que la reciente intervención de Eddie Wilson, CEO de Ryanair, en el Foro de Nueva Economía de Madrid, sirvió de catalizador para una reorientación estratégica: reducir la capacidad prevista a un millón de pasajeros anuales permite buscar un gestor privado, lo que abre la puerta a que la compañía irlandesa, con su política de tarifas bajas y su aversión a los peajes aeroportuarios de Aena, se convierta en un potencial ancla del nuevo aeropuerto. Este recorte de escala tiene implicaciones directas tanto para el mercado aéreo como para la planificación urbana de la capital. La saturación de Barajas es una preocupación creciente; según datos de Aena, la demanda de pasajeros en el aeropuerto madrileño sigue superando la oferta, y la ampliación prevista sólo retrasaría el punto de inflexión unos pocos años. Un aeropuerto secundario gestionado por una entidad privada podría ofrecer a las aerolíneas de bajo coste condiciones más competitivas, reduciendo el coste de los billetes y diversificando la oferta de rutas. Sin embargo, la viabilidad del proyecto depende de varios factores: la obtención de los permisos medioambientales, la financiación de la ampliación de la pista (de 1 000 a 1 800 m y la construcción de una segunda de 3 200 m) y la capacidad de atraer a operadores dispuestos a asentarse en un aeropuerto aún incipiente. En última instancia, la iniciativa refleja una tensión entre la necesidad de aliviar la presión sobre Barajas y la voluntad de romper el modelo de gestión pública que ha dominado el sector aeroportuario español durante décadas.

Análisis de la redacción de ChatAmigos.

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